Inicios en la política
Pujol fue detenido en 1960 por sus protestas contra la dictadura de Franco en lo que fue conocido como sucesos del Palau de la Música. Acusado de ser autor material de unos panfletos antifranquistas, fue condenado a siete años de prisión. No obstante, fue puesto en libertad dos años y medio después, aunque estuvo confinado un tiempo en Gerona. Inmediatamente comenzó una nueva línea de actividad política con el eslogan «Construyendo el país». Con esto pretendía aumentar el nivel de conciencia nacional de los catalanes y crear instituciones tanto culturales como financieras suficientes para el desarrollo de Cataluña.
En torno a su figura se formó la llamada Convergencia Democrática de Cataluña (CDC), nacida en 1974 originalmente como un movimiento político y, desde febrero de 1976, configurada como un partido político. Convergencia se articularía como una formación política de carácter transversal y que fuera capaz de agrupar a diversos sectores sociales —desde la izquierda a la derecha política—. También fue vicepresidente ejecutivo de Banca Catalana hasta 1976, momento en el que decidió dedicarse profesionalmente a la política. De todas maneras, siguió siendo consejero de la entidad hasta un año después. De cara a las elecciones generales de 1977 —las primeras desde la Guerra civil— Pujol lideró el llamado Pacte Democràtic per Catalunya, que lograría entrar en el Congreso de los Diputados con once escaños.
En 1976 fue reeditado el libro La Inmigración, problema y esperanza de Cataluña —publicado de forma clandestina en 1958—, en el cual entre otras cosas tacha de «gravísima lacra» la inmigración de castellanohablantes a Cataluña. En referencia a los andaluces, llega a afirmar:
Tras la restauración de la Generalidad, fue nombrado consejero sin cartera en el gobierno provisional que presidía Josep Tarradellas. En este contexto, el presidente del gobierno Adolfo Suárez —por consejo del ministro de la gobernación, Rodolfo Martín Villa— decidió apoyar a la opción política que representaba Pujol en perjuicio de la que ofrecía Tarradellas, por considerarlo más acorde a sus intereses. Suárez, durante una entrevista con el banquero Manuel Ortínez, llegó a afirmar: «En las próximas elecciones, Pujol sacará mayoría y nosotros le ayudaremos. La colaboración con Pujol será más fácil que con Tarradellas». Durante este tiempo ambos personajes —Pujol y Tarradellas— mantuvieron unas relaciones tensas, no exentas de conflictos y reproches mutuos.
En septiembre de 1978 se firmaron las bases para la constitución de Convergència i Unió (CiU), mediante la coalición de Convergencia con la histórica Unión Democrática de Cataluña (UDC). En las elecciones de 1979, Pujol, que concurrió bajo las siglas de CiU, revalidó su acta de diputado. Aquello le ofreció un trampolín desde el que saltar a la política catalana.
Presidente de la Generalidad de Cataluña
El 20 de marzo de 1980 se celebraron las elecciones al Parlamento de Cataluña —las primeras desde la Segunda República—, las cuales dieron como fuerza ganadora a CiU, con 45 diputados. Durante la campaña electoral Convergència i Unió contó con un importante y decidido apoyo de la patronal, logrando imponerse a otras fuerzas históricas como ERC o el PSUC. Ello permitió a Pujol formar gobierno, aunque sin contar con la mayoría absoluta. En su discurso de investidura Pujol dejó claro que la política de «reconstrucción nacional» [de Cataluña] iba a ser el eje principal de su gobierno:
A su llegada a la Generalidad se encontró con una administración autonómica que comenzaba a organizarse tras las transferencias de competencias que habían tenido lugar durante la etapa anterior, bajo Tarradellas. Sin embargo, Pujol impulsó la promulgación de nuevas políticas. Entre las leyes más importantes aprobadas durante los años de gobierno de Pujol se encuentran las dos relacionadas con la «normalización» y protección de la lengua catalana. La primera fue la Ley de Normalización Lingüística del 6 de abril de 1983, que contó con un apoyo mayoritario del Parlamento de Cataluña. La segunda de estas leyes fue la Ley de Política Lingüística del 7 de enero de 1998, que tropezó con la oposición de aquellos sectores contrarios a la inmersión lingüística de los menores de edad en las escuelas. Mediante una política cultural y educativa impulsada desde la Generalidad se consiguió construir una identidad nacionalista entre la población de Cataluña.
Mediante la ley del 19 de julio de 1983 se estableció la Policía autonómica catalana, que nacía tomando a los Mozos de Escuadra como núcleo de origen. El nuevo cuerpo fue desplegándose progresivamente por toda Cataluña, al tiempo que se producía un repliegue de los cuerpos y fuerzas de seguridad de ámbito estatal —Policía o Guardia Civil—. El gobierno Pujol también impulsó la disolución de la Corporación Metropolitana de Barcelona, por considerarla un «contrapeso» socialista al poder ejercido por CiU desde la Generalidad. Dicho objetivo lo lograría mediante la aprobación en 1987 de la Ley de Ordenación Territorial.
Cuando en 1984 la Fiscalía General del Estado presentó una querella criminal contra Pujol por su implicación en el escándalo «Banca Catalana», este no se vio afectado políticamente; muy al contrario, una parte importante de los catalanes reaccionaron considerando que ello constituía realidad un ataque a Cataluña. El 30 de mayo de 1984, durante un encendido discurso ante varios miles de manifestantes congregados frente al Palacio de la Generalidad, afirmó: «El gobierno central ha hecho una jugada indigna; a partir de ahora, de ética y moral hablaremos nosotros, no ellos». Durante los siguientes años Pujol lograría mantener la hegemonía política en Cataluña.
Como candidato de Convergencia y Unión (CiU), gobernó Cataluña ininterrumpidamente durante veintitrés años desde 1980 hasta 2003, obteniendo tres mayorías absolutas (1984, 1988 y 1992) y tres mayorías simples (1980, 1995 y 1999). Durante estos años CiU se caracterizó por colaborar a la gobernabilidad de España, apoyando desde a Adolfo Suárez durante la Transición (debe recordarse que Pujol fue una pieza clave de la construcción de la España de las Autonomías) pasando por el PSOE de Felipe González en 1993 y a José María Aznar (ver Pacto del Majestic) tras la obtención de la mayoría simple del Partido Popular en las elecciones generales de 1996.
Esta gestión ha sido frecuentemente defendida por sus partidarios, quienes argumentan que Pujol «ha hecho un gran servicio a Cataluña y al conjunto de España». Sin embargo, también contó con detractores a sus políticas, como fue el caso de Josep Tarradellas, quien llegó a calificar su política como una «dictadura blanca».
La estrategia política del partido se correspondía con la visión de Pujol de la autonomía:
En las elecciones regionales de 1999 la coalición CiU volvió a ganar las elecciones, si bien no fue la fuerza más votada —en esta ocasión el PSC, encabezado por Pasqual Maragall, fue la lista que más voto recibió—. CiU se vio obligada a pactar con el PPC, logrando salir elegido Pujol por última vez. Durante esta última legislatura, sin embargo, se evidenció la decadencia política de CiU, que desde los comicios de 1995 había ido perdiendo votos y escaños en detrimento de otras fuerzas —PSC y ERC—.
Desde enero de 2001, cuando Artur Mas, elegido como "sucesor" por el propio Pujol asumió el cargo de conseller en cap de la Generalidad, se fue produciendo un relevo paulatino en el liderazgo de la federación. Esta designación abrió una crisis en la coalición de CiU, ya que otras personalidades como Duran i Lleida (líder de Unión Democrática de Cataluña) también aspiraban a ese puesto.
En las elecciones de 2003 la coalición CiU, liderada por Artur Mas, no consiguió imponerse y sería desalojada del gobierno por una coalición de partidos, el llamado Tripartit. Pujol abandonó el cargo de presidente de la Generalidad en diciembre de 2003, después de casi un cuarto de siglo en el poder.
Vida posterior
Tras su salida del poder se retiró de la primera línea política, si bien ello no significó su salida total y retuvo la jefatura de Convergencia Democrática de Cataluña.
En 2003, Jordi Pujol hizo donación a la Biblioteca de Cataluña del fondo bibliográfico reunido en el ejercicio de su cargo de presidente de la Generalidad, formado por más de 16.000 documentos.
Controversias
Medios de comunicación
Miembro del Consejo de dirección de Banca Catalana, Jordi Pujol también realizó diversas incursiones en el ámbito periodístico. En la década de 1970 llegó a adquirir el semanario Destino y el diario El Correo Catalán. Habría comprado ambas cabeceras, que entonces estaban consideradas publicaciones de prestigio, con el objetivo de convertirlas en órganos de expresión personales. Sin embargo, bajo la gestión de Pujol, tanto Destino como El Correo Catalán perdieron sus lectores y acabarían entrando en una profunda crisis, al punto de dejar de editarse. La quiebra económica del antes prestigioso El Correo Catalán, en 1985, se vio envuelta en acusaciones de fraude, con un agujero de setecientos cincuenta y siete millones de pesetas, y su implicación en el caso «Casinos» —un caso de financiación ilegal de Convergencia—.
Además de El Correo Catalán, a través de su propio partido (CDC) y también a través de la Generalidad —mediante subvenciones públicas— se haría con el control del diario catalanista Avui, periódico que atravesaba una mala situación económica. Sin embargo, a pesar del uso de numerosos «fondos de reptiles» y subvenciones públicas de la Generalidad, la publicación sufrió una mala gestión empresarial y acabaría acumulando una deuda de miles de millones de pesetas.
Otro intento periodístico que se habría realizado bajo la influencia de Pujol fue el diario El Observador de la Actualidad, de corte abiertamente pujolista. El Observador fue un proyecto que buscaba desbancar al hegemónico diario barcelonés La Vanguardia, tentativa que sin embargo acabaría fracasando. Hubo también dos proyectos radiofónicos, Avui y Cadena 13, que a pesar de contar con fondos procedentes de la financiación ilegal de Convergencia también terminarían naufragando.
Quiebra Banca Catalana
En mayo de 1984 Jordi Pujol fue incluido en la querella presentada por la Fiscalía General del Estado, dirigida por Carlos Jiménez Villarejo, contra los exdirectivos de Banca Catalana, y fue objeto también de duros ataques en los artículos de Alfonso Quintà en el diario El País. En octubre de 1984 el magistrado Ignacio de Lecea tomó declaración a Pujol durante dos horas y media en su residencia oficial de la Casa dels Canonges, trámite en el que también estuvieron presentes el fiscal Carlos Jiménez Villarejo y José María Mena, y los abogados defensores Joan Piqué Vidal y Juan Córdoba Roda.