En 1975 se vinculó a La Vanguardia como corresponsal de Sant Cugat del Vallés y, en general, de la comarca del Vallés (Barcelona). En mayo de 1976 se incorporó a la Redacción de La Vanguardia como auxiliar de redacción en la sección de Regional, dirigida por José María Milagro (redactor jefe) y Joaquín Escudero (jefe de sección). En 1977, al crearse en la transición política española la sección de Política Catalana en La Vanguardia, pasó a formar parte con categoría de redactor de esta sección, que dirigió la periodista Margarita Sáenz Diez. A principios de los años ochenta, La Vanguardia inició un importante proceso de modernización de su sistema de producción en paralelo a un cambio generacional en diferentes ámbitos de la empresa, incluida el área periodística. En el año 1981 se había creado una comisión responsable de la reconversión tecnológica en la que estaban representados todos los departamentos de la empresa. Vladimir de Semir se incorporó en representación de la redacción al comité responsable del cambio tecnológico del diario desde el principio del proceso, una auténtica revolución tecnológica con el paso prácticamente directo de las viejas linotipias de plomo a la incorporación de un proceso informatizado basado en el sistema Atex norteamericano.
Suplemento de Ciencia de La Vanguardia
En 1981 fue el año de la creación del Museo de la Ciencia de la Fundación ‘La Caixa’ de Barcelona, al que se incorporó rápidamente el físico Jorge Wagensberg como director. Wagensberg y De Semir habían sido compañeros desde el parvulario hasta el bachillerato elemental en la Escuela Suiza de Barcelona, se veían con cierta regularidad y precisamente con motivo de la creación del Museo de Ciencia Wagensberg le sugirió a De Semir que "La Vanguardia debería prestar especial atención a la divulgación científica, es un tema que interesa mucho a los ciudadanos... ¿Por qué no propones la creación de una sección de Ciencia?" Esta reflexión se trasladó a las conversaciones entre el periodista Luis Foix (entonces responsable de la redacción del diario) y De Semir en plena fase de reconversión y modernización del diario. De Semir estaba inmerso en el proceso de adaptación tecnológica de la empresa y había manifestado que a pesar de estar dispuesto a participar en ese proceso no deseaba desconectarse completamente de su actividad como periodista. Además hubo otro factor realmente decisivo en la creación del suplemento de Ciencia del diario. En aquella época, la edición dominical no podía absorber toda la demanda publicitaria que esperaba –previo pago, claro- ser insertada en las páginas de La Vanguardia. La única solución posible era crear un cuadernillo adicional para el domingo. El diario era en aquella época fasciculado, formado por dos, tres o más cuadernos independientes que permitían una agrupación de las diferentes secciones mucho más funcional y atractiva que la actual. El cuadernillo que se proponía se debía poder cerrar el jueves y ser impreso con antelación para que no entorpeciera el proceso de producción del diario durante el sábado en los talleres ante la importante oferta informativa y publicitaria que realizaba La Vanguardia todos los domingos. La conjunción de estos factores condujo a la decisión de crear unas páginas dominicales dedicadas a las ciencias, que incorporaran la tradicional página de Medicina que el doctor Lluís Daufí realizaba desde hacía más de 10 años.
Así nació el 10 de octubre de 1982 el primer suplemento de Ciencia de La Vanguardia. Jorge Wagensberg fue su primer colaborador externo y el aspecto más relevante es que por primera vez en la historia del diario este espacio informativo era dirigido por un periodista que formaba parte de la Redacción y no por un científico o médico que colaboraba como divulgador científico externo. Había nacido así por primera vez una sección especializada en periodismo científico. Desde un principio la filosofía de este suplemento fue que colaboraran estrechamente periodistas, científicos y médicos para complementar criterios de rigor, amenidad y actualidad.
Subdirector de La Vanguardia
Una vez acabada la primera fase de cambio tecnológico en el diario (en 1988 se produjo la segunda con la incorporación de una nueva imprenta) y ser nombrado Francesc Noy director de La Vanguardia, el 23 de septiembre de 1983 Vladimir de Semir accedió al nuevo cargo de subdirector de Edición, desde el que se coordinaba toda la producción de la Redacción y su relación con los talleres, pero siguió manteniendo directamente la responsabilidad de la elaboración semanal de las páginas monográficas de Ciencia y Medicina que ya se habían consolidado como una oferta informativa más de La Vanguardia. Estas páginas monográficas se convirtieron en un auténtico suplemento cuando en 1989 se remodeló todo el diario con la entrada en servicio de una imprenta en color y se completó la reconversión global de La Vanguardia. Durante 15 años, desde 1982 hasta el 19 de julio de 1997 en que se dejaron de editar, los suplementos de Ciencia y de Medicina se publicaron ininterrumpidamente. En 1996, Vladimir de Semir se implicó en nuevos proyectos editoriales del Grupo Godó, como fue el lanzamiento y dirección del diario popular Eco 24 horas - diario que puede ser considerado como un precursor de la actual amplia oferta de diarios gratuitos - y la posterior creación del Departamento de Revistas del Grupo Godó, del que fue director editorial.
Estímulo de la Cultura Científica
De 1988 a 1996 participó en la Comisión para el Estímulo de la Cultura Científica, una iniciativa política pionera promovida por el conseller de Cultura de la Generalidad de Cataluña de la época, Joan Guitart. Esta comisión desarrolló durante años un innovador y fecundo programa en favor de que la ciencia se integrara en el mundo de la cultura, hasta que el consejero fue sustituido sin que lamentablemente la comisión tuviera continuidad. Durante este período, Vladimir de Semir comenzó a trabajar en el impulso y consolidación del periodismo científico al fundar en 1990 y convertirse en el primer presidente de la Asociación Catalana de Periodismo Científico. La entidad prosigue hoy su labor rebautizada como Asociación Catalana de Comunicación Científica integrada en la World Federation of Science Journalists. En mayo de 1990, y como primera actividad importante de la asociación, se organizó en Barcelona un Simposio Internacional de Periodismo Científico, con el apoyo de la Fundación Dr. Antonio Esteve.
Actividad divulgativa
El suplemento de Ciencia de La Vanguardia fue el aglutinador de una amplia labor divulgativa del periodista Vladimir de Semir, que ha llegado hasta el presente. Las iniciales páginas dominicales tuvieron una amplia repercusión entre el mundo científico de Cataluña y España, ya que por primera vez científicos y científicas de las universidades y centros de investigación de toda España podían colaborar de forma amplia con sus artículos. Las tres o cuatro páginas de los primeros tiempos fueron evolucionando en función de la publicidad que se debía insertar y llegaron a convertirse en alguna ocasión en 24 páginas, saltando también a la portada de huecograbado color del correspondiente cuaderno e incorporando a un ilustrador gráfico de gran impacto y creatividad por su capacidad de síntesis de los temas científicos, Fernando Krahn, cuyas aportaciones fueron decisivas para hacer más atractiva la sección. Todo esto, unido a que se publicaban el día de mayor difusión del diario, convirtieron a este suplemento más o menos desestructurado –dependía siempre de la publicidad que debía absorber– en muy popular entre los lectores y demostró que una oferta informativa completamente nueva de calidad y mantenida domingo tras domingo acababa creando una demanda entre los lectores.
En noviembre de 1987, al ser nombrado director Juan Tapia, Vladimir de Semir se convierte en coordinador de Ciencia y Suplementos de La Vanguardia, adquiriendo así la temática científica por primera vez rango de sección propia en un diario español. El nuevo director completó la segunda etapa de reconversión tecnológica del diario, que se había iniciado con el equipo anterior, y en el año 1988, cuando se estaba decidiendo cómo sería el nuevo diario resultante, una encuesta interna de la empresa entre los lectores y suscriptores reveló que la sección de Ciencia era una de las más apreciadas por el público fiel al diario. La oferta mantenida consolidaba una demanda por parte del público lector.
Esta segunda etapa del cambio tecnológico de La Vanguardia implicó la compra de una nueva rotativa que podía imprimir también en color y se procedió al rediseño del diario, para lo que se contrató a uno de los expertos mundiales más conocidos: Milton Glaser, el norteamericano "inventor" del I LOVE NY. Glaser y su equipo prepararon la nueva maqueta de La Vanguardia e introdujeron el concepto que había significado en su día la recuperación espectacular de las ventas de The New York Times en los años 70 tras una seria crisis de lectores: dotar al diario de un suplemento diferente cada día de la semana para segmentar una nueva oferta informativa con el fin de atraer y fidelizar nuevo público potencial. Así se creó el 14 de noviembre de 1978 el suplemento Science Times y así nacieron aquellas 4 precursoras páginas de 1982 que se convirtieron en el embrión del nuevo suplemento Ciencia y Tecnología de La Vanguardia que empezó a publicarse los sábados a partir del 7 de octubre de 1989.